Tomo prestado este concepto de la historia del radar, de un libro que estoy leyendo, y lo extrapolo a la tecnología en general. No es extraño para nadie hablar de la tecnología como una ventaja competitiva. Hoy ninguna empresa existe, o al menos ninguna puede crecer, sin un sistema de gestión. Así como desde la revolución industrial ninguna fábrica puede ser competitiva sin automatización (hablando de mecánica y robótica). Y hoy, ya vemos un horizonte en el que la automatización digital y la IA empiezan a tener la misma importancia.
Tener tecnología no asegura que un negocio sea exitoso. Pero no tenerla, en cambio, es garantía de que no sobrevivirás.
Con esto quiero decir que un sistema de gestión no reemplaza a un buen equipo. Para triunfar, es necesario tener una estrategia razonable, buenos colaboradores y procesos claros. Personas que corrijan precios, presten una buena atención y ajusten decisiones equivocadas. Pero el sistema de gestión les da una base: Permite tener información clara y actualizada, analizar el pasado, prever el futuro. No tener esa información, es como no tener sangre en las venas: El negocio se debilita y, tarde o temprano, muere.
Con la automatización digital, y cada vez más con la IA, está ocurriendo algo parecido. Automatizar no es magia, todavía necesitamos un buen equipo humano con criterio para diseñar la automatización, sacar provecho de ella, y ajustarla a medida que madura. Así, no reemplaza al humano, reemplaza el tiempo y esfuerzo desperdiciados en tareas repetitivas, lentas, inconsistentes y costosas.
La inteligencia artificial, por su parte, solo lleva esta discusión un paso más adelante. Seguimos hablando de automatización, pero con capacidad de tomar decisiones en forma autónoma. El riesgo es mayor por lo novedoso y vertiginoso del cambio, acelerar un proceso mal diseñado solo multiplicaría sus errores. Primero hay que entender el trabajo, decidir responsabilidades y establecer controles, para no automatizar inútilmente. Entonces, incorporándola en forma equilibrada y consciente, se transforma en una gran ventaja competitiva, otorgando una capacidad para crecer nunca antes vista.
Incorporarla solo porque está de moda, poner un chatbot y nada más, suele producir demos vistosas, pero poco valor. Incorporarla con criterio exige elegir problemas concretos, mantener supervisión humana y aceptar que no todas las tareas deberían delegarse, pero nos brinda un potencial que no podemos dejar pasar de largo, es como haber ignorado internet en su momento. Mientras una empresa debate si la IA es realmente necesaria, otra ya la usa para responder más rápido, revisar más información o detectar oportunidades que antes pasaban inadvertidas.
