Otro día, otra caída

Hace unos días, era AWS. Hoy, Cloudflare. Uno de los gigantes que mantienen gran parte de la infraestructura de internet sufrió una caída global que sacudió decenas de sitios que dependen de sus servicios. Desde ChatGPT hasta Foxtrot, muchos quedamos temporalmente inaccesibles por un error ajeno a nuestros servicios.

Cloudflare no es un proveedor cualquiera, ni uno chico. Funciona como una red de distribución de contenido (CDN) y un escudo de seguridad. Básicamente, muchos sitios delegan en Cloudflare funciones clave para acelerar sus páginas y protegerse frente a ataques. Para lograr estas funciones, la red de Cloudflare se sienta (¿es el término correcto en español?) delante de la red propia del servicio, o, en otras palabras, es necesario pasar por la red de Cloudflare para llegar a la red del sitio web o app (API, en realidad) que queremos usar. Por lo que cuando Cloudflare falla, el resto de los sistemas se vuelven inaccesibles.

Según lo que informó la compañía, la raíz del problema fue un “tráfico inusual” que hizo crecer demasiado un archivo de configuración automatizado, lo que desencadenó una falla en su sistema de manejo de tráfico. Cloudflare aclaró que no se trató de un ciberataque, sino de un fallo interno de su infraestructura. Si, con un archivo de configuración…

Tras unas horas publicaron un arreglo y dijeron que ya estaba resuelto, aunque admiten que algunos usuarios podrían seguir viendo errores mientras monitoreban que todo vuelva a la normalidad.

Toda esta situación sirve para entender lo dependientes que somos de estas empresas. Cuando algo falla, no es solo una app la que deja de funcionar, es una porción significativa de Internet.

No es la primera vez que algo así sucede ni mucho menos. Sin ir más lejos que tres semanas atrás, una caía de AWS también interrumpía múltiples servicios y la causa fue un problema técnico en su centro de datos clave. Las similitudes entre todos los incidentes son fuertes. Monstruos tecnológicas, monopolios de infraestructuras críticas que fallan por errores internos o humanos, y muchas aplicaciones que se desconectan por depender de ellos.

Al final, esto nos recuerda algo importante: Aunque estos proveedores nos vendan escalabilidad, velocidad y seguridad, también concentran un enorme poder. Depender demasiado de un solo proveedor, no importa cuál sea, nos vuelve frágiles, basta un tropiezo (¡de ellos, que nada podemos hacer!) para que todo tiemble.

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